
Por Stacy Prendeville
Más de 10 años después de su nacimiento, Creamfields, convertida ahora en una supermarca a nivel mundial, sigue atrayendo a las masas.
Tras su inauguración en Liverpool en el año 1992, Cream se convirtió en uno de los locales más conocidos del Reino Unido. Semana tras semana se colgaba el cartel de “no hay billetes” con actuaciones de los pesos pesados de la música house como Paul Oakenfold y Seb Fontaine. Atrajo público de todo el Reino Unido y marcó la senda de la era “Superclub”. La pérdida de popularidad del concepto “Superclub” en la escena británica de la música house provocó que Cream diversificara su oferta para no desaparecer. Así lanzó “Creamfields, the Festival”, que se celebró por primera vez en agosto de 1998.
Creamfields se expandió a nivel internacional apenas un año después de su creación, convirtiéndose en la actualidad en punto de referencia del clubbing no sólo en el Reino Unido y en Ibiza, sino también en Irlanda, Argentina, Turquía, Méjico, Moscú, Praga, Santiago de Chile, Río de Janeiro, Curibita (Brasil), Polonia y, por supuesto, en España, donde Creamfields Andalucía inició su andadura en 2004 consolidándose rápidamente como uno de los festivales de música dance más importantes de Europa.
Pero, ¿fue Creamfields Andalucía simplemente una fiesta británica celebrada en suelo español? El cartel, encabezado por Basement Jaxx, The Prodigy y John Digweed, con la rara aparición de DJ’s españoles y otras actuaciones, podría hacernos pensar que así es. Sin embargo, al llegar al Creamfields Andalucía 2007, se hizo bastante evidente que la versión española del festival fue, bueno, muy española.
Las miles de personas que celebraban un botellón en la explanada de medio kilómetro hasta la entrada del recinto y la cantidad de gente acampada en la Playa Villaricos, demuestran la magnitud de Creamfields Andalucía, acontecimiento que merecía la pena disfrutar incluso para aquellos que no tenían entrada. Una brisa de aire fresco frente a las restricciones de Inglaterra, donde las excesivas medidas de seguridad y la maraña de procedimientos obligan a encarecer el precio de las entradas por encima de las posibilidades de los asistentes (¿alguien oye aún los ecos de Glastonbury?), y que desaniman a cualquiera a desplazarse para simplemente disfrutar del ambiente y contagiarse de su espíritu, sin ni siquiera acceder al área del concierto.
Con las 40.000 personas que se congregaron en esta cuarta edición de 2007 (y unas 5.000 más de fiesta fuera del recinto), el tamaño de Creamfields casi se ha duplicado, lo que nos indica que, al menos en Andalucía, la música dance no está herida de muerte. Con la repetición del evento en 2008, parece que los andaluces cuentan con un festival de vanguardia y moderno, de renombre tanto en Europa como en el resto del mundo.
Para eso sirven los cálidos fines de semana de verano, ¿no?
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