
Paz Rosado
El entorno rural no es el único, pero sí quizás el más adecuado para montar a caballo. Fundirse con la naturaleza a lomos de uno de los animales más bellos de su reino es un placer al que se apuntan cada día más personas. Para muchos, supone una vuelta a los orígenes, vivir una experiencia antaño cotidiana. Otro modo de practicar la hípica.
Formando parte de las instalaciones de turismo rural, hoteles y hostales de pueblo e incluso cortijos, existen las llamadas Estancias Hípicas. En ellas, caballos y monitores de equitación pueden ser contratados por el tiempo que el cliente desee. Además de las clases de equitación, ofrecen la posibilidad de andar a caballo por itinerarios previamente diseñados y de especial interés; así como otras propuestas encaminadas a la diversión y el conocimiento de la cultura de la zona.
El caballo está presente en la historia y cultura de Andalucía desde antiguo. Fue arma de guerra, vehículo de transporte, herramienta de trabajo y, de un tiempo a esta parte, es uno más de los numerosos protagonistas del ocio y la cultura de esta región. Un elemento más para el disfrute y la diversión del turista.

Por eso, proliferan las empresas dedicadas al turismo ecuestre
que ofrecen, además de rutas a caballo de larga duración
(de seis a ocho horas), alojamiento con paseos a caballo, cursos
de equitación en sus diferentes modalidades, exhibiciones,
polo, carreras de caballos, caza a caballo, acoso y derribo, visita
a ganaderías y todo cuanto podamos imaginar que esté
relacionado, de algún modo, con este animal.
La Ruta del Toro, en la provincia de Cádiz; la campiña sevillana,
el Parque
Nacional de Doñana, la Serranía de Ronda o el Parque
Nacional de Sierra Nevada son sólo alguno de los entornos andaluces
más bellos por los que podrá pasear a la grupa de un caballo.
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